martes, 13 de junio de 2017

El coleccionista

Por Rictus


–Noche lluviosa en los ángeles. Son la diez treinta y seguimos acompañándote con lo mejor de nuestro repertorio musical. WKGB la radio del momento –. Comenzó a sonar "November Rain".

   La interestatal estaba desierta. El Ford automático se desplazaba a buena velocidad con las luces altas. El conductor iba pegado al parabrizas para alcanzar a ver la carretera.

   –When I look into your eyes, I can see a love restrained. But darling when I hold you Don't you kno...
  
   De pronto, en una fracción de segundo, un intenso flash azulado cegó al conductor. Un pesado bulto cayó sobre la parte frontal del auto. Un crujido metálico. Volaron vidrios por todas partes. El conductor perdió el control y las maniobras para recuperarlo sólo lograron que el auto volcara.

   Un Pick up negro se integró a la carretera por una vía alterna. Se detuvo unos metros adelante, donde se encontraba el bulto caído del cielo. Un hombre envuelto en un traje impermeable descendió, lo tomó con dificultad del suelo poniéndolo en la parte de atrás. Luego siguió su camino.
   En el cielo se vieron tres luces de colores blanco azul y rojo. Cuando el pick up se alejó las luces se dispararon hacia arriba hasta desaparecer.

***

   Fox Mulder estaba encorvado viendo su ipad. Ampliaba y movía de un lado a otro las fotografías que le acababan de enviar cuando llegó Scully.

   –¿Encontraste algo?–dijo ella quitándose el abrigo.

   –Mira –Mulder le mostró la pantalla –estas son las fotos del auto que volcó en la interestatal. No se encontraron indicios de qué pudo haber causado el accidente. El conductor falleció al instante. Lo único que se pudo hallar cerca fue un sombrero de pirata muy gastado. Scully se acercó y vio la fotografía del sombrero.

   –Creo que finalmente le dieron su merecido a Jack Sparrow.

   –Pues, por lo visto sigue teniendo la misma suerte por que no se encontró ningún cuerpo.

   –¿Qué crees que habrá sido? ¿Una roca tal vez?

   –No lo creo. No hay ninguna ladera, pendiente rocosa o algún volcán en las cercanías. Pero si te das cuenta acá –Señaló con la punta del bolígrafo la parte superior del sombrero en la foto – de acuerdo a lo que dijo el departamento de análisis de pruebas, presentaba un pequeño porcentaje de radiación en la parte quemada.

   –Podría tratarse de algún médico o físico.

   –Llamé a las tiendas de disfraces de las áreas circundantes y las pocas que alquilaron disfraces de piratas dijeron haber recibido el traje completo de vuelta –. Se sentó en una silla reclinable. Se sirvió café de la cafetera eléctrica –. ¿Café?

   Scully asintió alargando una tasa.
  
   –Por otro lado –continuó Mulder dirigiéndose a una pared llena de fotografías –, imprimí estas fotos de otro caso que se registró ayer en Cabrillo Beach.

   –¿Tienen alguna relación con nuestro pirata?

   –Pues, fuera del atuendo nada. Verás, unas muchachas que jugaban voleibol en la playa se llevaron el susto de sus vidas. Una de ellas pisó un objeto y al empezar a cavar notaron que era un enorme amuleto de plata con una piedra negra al medio. Dentro se veían pequeños puntos de colores de diferentes tamaños que parecían responder a ciertos patrones simétricos.

   Scully tintineaba la cucharilla revolviendo en la taza, interrogándole con la mirada.

   –Pero eso no tiene nada de extraño.

   –Pues sí, tienes razón, el amuleto no tendría nada de espectacular. Lo excepcional es a lo que estaba atado. La cadena estaba sujeta a una mano totalmente negra, quemada y sucia. Y ¿Qué crees? Mira esto.

   Llamó la atención de Scully a la foto de un pirata con los ojos cosidos. Yacía sobre la arena con un atuendo propio de película de naufragios.

   –Rayos –Scully arrugó la cara –¿Qué le pasa a la gente hoy en día? ¿Y qué hicieron con el cuerpo?

   –Lo llevaron a la morgue en el centro de la ciudad, en la calle cincuenta y cuatro, con Williams ¿Lo recuerdas?

   –Vaya si lo recuerdo, es un tipo detestable, no se por qué siguen llevándolos ahí.
   Mulder se limitó a encogerse de hombros.

   –¿Quieres nadar, Scully? O crees que ya es muy tarde.
  
   –¿Cómo? ¿A qué te refieres?
  
   –Toma tu abrigo, vamos a Cabrillo Beach.

   Cuando llegaron la rueda del sol era difuminada por nubes naranjas a su alrededor. La noche estaba próxima y el mar se mecía de un lado a otro suavemente. No tardaron mucho en encontrar el área acordonada donde se hiciera el descubrimiento. Luego de revisar el lugar de forma minuciosa, con lámpara en mano, dieron con algo. Si a caso fuera una pista diminuta pero era algo que había pasado desapercibido para quienes habían ido a la escena antes.
   Brillando a los primeros rallos de la luna estaba un pequeño pendiente esférico adornado con unos pequeños agujeros alrededor y una pluma de color verde.

   –¡Bingo! Mira, sabía que habría de encontrar algo. –Mostró el objeto a Scully al mismo tiempo que sacaba una bolsita transparente para guardar el pendiente en la solapa de su abrigo.

   –No te emociones, seguro es de alguna de las chicas.

   –Bueno, igual lo guardaré. Recuérdame mandarlo al laboratorio.

   En ese preciso momento un hombre vestido de negro de pies a cabeza, del cual no se habían percatado, subía un bulto pequeño a un pick up negro. Subió al asiento del conductor y se puso en marcha a toda prisa. Mulder y Scully intentaron darle alcance pero sólo lograron tomarle el número de placa.

***

   –Bienvenidos al primer teatro de marionetas de tamaño real en todo Los Ángeles. Prepárense para entrar a un mundo mágico donde todo es posible y los límites no existen, donde…
  
   –Este es el informe de lo que pude averiguar. Su nombre es Karl Johnson  –Scully, que estaba sentada a la par de Mulder en una hilera de sillas, le dio una carpeta  –De acuerdo a lo que dicen los vecinos y sus empleados, el hombre es un tipo cualquiera: Monta su show de marionetas gigantes, paga a sus ayudantes puntual y va a la iglesia sin falta todos los domingos. ¿Lindo eh?

   –De las aguas mansas líbrame Dios.

   –¡Amen! –Scully se acercó aún más a Mulder –y a ti como te fue con lo del pendiente.

   –No pude sacar nada en limpio aún.

   –Ah, casi lo olvido, el único detalle que a algunos de sus trabajadores les parece un poco molesto es el excesivo perfume que pone a las marionetas y él mismo también.

   –¿Perfume? –Mulder se quedó pensando en el por qué de ese detalle –Pues sí que es algo extraño.
   La gente alrededor  se puso de pie aplaudiendo cuando un pirata saltó al escenario con espada en mano. Alguien les hizo una seña con el dedo índice en la boca para que guardaran silencio.

   –¿Siempre presenta piratas o fue coincidencia?
  
   –Según pude enterarme –dijo Scully en un susurro apenas audible –sus obras siempre tratan temas extraños, desde abducciones, piratas, astronautas, civilizaciones antiguas, etcétera, etcétera.

   El calor era agobiante bajo la carpa donde se montaba el espectáculo. Scully se soplaba con la carpeta que había reclamado de vuelta a falta de aire acondicionado; mientras Mulder sudaba a torrentes.

   Durante los tres días siguiente se dedicaron a seguirle los pasos al tipo de las marionetas, míster Johnson, el mismo del pick up negro Descubrieron que aparte de tener la afición por las marionetas le gustaba que fueran reales. Algunas noches salía al cementerio de la ciudad, con pala en mano desenterraba a los cadáveres más frescos. Ignoraban lo que les hacía dentro de su casa. Se imaginaban algo necrofílico y aberrante pero no tenían ninguna certeza.

   Por fin, luego de una semana de seguirle los pasos, lograron conseguir la orden girada por el juez competente para encerrarlo por profanación de tumbas. Cundo entraron a su casa lo más evidente era el olor que los vecinos habían reportado; a perfume, pero también un olor diferente, podrido y sucio. En un ático bastante amplio se amontonaban dispuestas en mesas, como si tomaran el té, algunas marionetas de las que utilizaba en sus presentaciones. En una tina , dentro de líquidos propios de los métodos para disecar animales, se encontraba un cuerpo totalmente abierto por la mitad del torso al cual ya le habían sido removidos los órganos internos.

   Scully no aguantó más y salió en búsqueda de aire fresco, verde y con la cabeza dándole vueltas. El panorama era una total carnicería.
   Cada “marioneta” era un cuerpo disecado. Las habían grandes y pequeñas. Los ojos cosidos y pegado. El rostro cubierto por una máscara de madera tallada a mano y con una expresión grotesca.
El hombre fue encerrado. Y sentenciado a cadena perpetua ya que familiares habían reportado la desaparición de las víctimas y estaban seguros que habían sido asesinados, se hicieron las pruebas pertinentes demostrando que todos habían muerto de insuficiencia cardíaca sin poder determinar por qué ni una causa exterior.
   De vuelta en su oficina Mulder tenía muchas dudas rondándole. Scully se sentó en silencio apartando unos documentos y fotos en el sofá.
–¿Sabes que el amuleto que encontraron las chicas desapareció el mismo día que encerraron al Johnson?
–No lo sabía, Mulder. Estaba precioso, ha de haber despertado la codicia de alguna coleccionista loco, seguro.
Mulder sacó una bolsita plástica de la solapa de su abrigo.
–¿ves esto?
–Si, claro, es el pendiente que recogiste de la playa.
–Pues no, es el que tomé de uno de los cuerpos disecados. Uno de los que nadie reclamó –Sacó una bolsa similar y las puso juntas para mostrárselas a Scully - ¿Ves?
–Eso sólo demuestra que no era de ninguna de las chicas.
–Sí pero hay algo que no he podiso resolver. Si tan sólo pudiera tener todas las respuestas –Suspiró.
   Alguien llamó a la puerta. Mulder se puso de pie. Abrió sin preguntar quién era, parecía estar esperando ese momento. Un hombre le entregó una carpeta sellada.
   –Los resultados de los laboratorios, agente –el recién llegado no dijo nada más. Se limitó a entregar el paquete, dar media vuelta y marcharse como una rutina ensayada.
Mulder lo abrió y sacó toda la documentación sobre su escritorio iluminado por una lámpara amarillenta. Leyó en silencio ante la mirada apremiante se Scully.
–El cuerpo que nadie reclamó tenía contusiones y lo huesos rotos. Un análisis más detallado reveló que coincidía con el accidente de la interestatal hace más de quince días.
–Eso nos deja igual, si no es que peor. No sabemos cómo fue a parar sobre el coche o qué pudo haberlo lanzado con tal fuerza.
–Pero eso no es lo más impresionante, Scully. Las pruebas de laboratorio muestran el resultado del análisis del A.D.N. de uno de los pendientes manchados de sangre –hizo una pausa mientras Scully lo observaba al filo del asiento –. Aparte del cromosoma X y Y cuenta con un tercer cromosoma, una alteración genética nunca antes vista en ningún humano.
   El rostro se le iluminó. Scully escéptica no veía más que una coincidencia probable, una entre un millón tal vez, pero probable. Mulder puso los dos pendientes sobre la mesa mientras terminaba de hojear el documento.
   En ese momento un punto negro apareció flotando cerca de donde se encontraban los dos pendientes ante la mirada atónita de ambos. Deformaba la imagen de las bolsitas transparentes y fue atrayéndolas hacia sí, como si se desintegraran en moléculas que se iban adhiriendo al pequeño punto, perdiendo su forma hasta que ambas fueron absorbidas. Mulder fue acercando su mano despacio para intentar tocarlo. El punto negro explotó en miles de partículas haciendo saltar a Scully en su lugar desde donde veía con la boca abierta. Los pequeños puntos de la explosión apenas visibles se hicieron nada llevándose con él las únicas pruebas fehacientes que tenían.
Fox Mulder alzó a ver asombrado a Scully sin saber qué decir. Sacó su ipad y ojeó de nuevo las fotos que había sacado de los pendientes. Con una muestra de decepción en su rostro soltó un suspiro.



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